Los últimos tiempos se han caracterizado por la prevalencia del pragmatismo como la forma predecible en el actuar en la sociedad venezolana. No importa el camino que se siga, sino el resultado, sin importar que eso signifique, llevarse por delante al otro o abandonar principios y buenas costumbres.
Consigo, ha golpeado profundamente las fibras y estructuras sociales.
Lamentablemente, el Derecho no ha sido ajeno a ello, lo que ha provocado que perdamos de vista su norte y destino en perjuicio del futuro de toda la sociedad. Lo que hace imperativo para nuestra propia convivencia, volver a los principios y valores legítimamente pactados en nuestra carta magna…
Los principios y valores, sirven en todas clase de sistema para garantizar el destino y fin de lo que se hace y como se hace.
Son los sabios forjados en el pasado que custodian el presente y futuro.
En el Derecho se han forjado, producto de la sangre, sudor y lágrimas derramadas por miles de persona en la historia.
Son una herencia que recibimos y que nos comprometen a cuidarlos para poder cuidarnos.
Son los rectores del sistema de Derecho y su salvavida que aparecen cuando la norma y sus autoridades, sobrepasan sus límites o comprometen su competencia.
Obligan al Derecho a funcionar como un sistema para garantizar su coherencia, funcionalidad y armonía. Expulsando de su seno toda norma y autoridad que atente contra su estructura.
De allí que la supremacía de la Constitución y los Tratados Internacionales suscritos por el país, guíen, ordenen y controlen todo el funcionamiento de nuestro Derecho, siguiendo la teoría de jerarquización de la norma del jurista y filósofo austríaco Hans Kelsen.
Hoy, debemos reivindicar ese pacto social, ese que nos asegura nuestra convivencia…
La Paz, depende de cada uno de nosotros…